Creaciones literarias
Paula es una linda tortuguita, es feliz, amable y amante de la naturaleza. Ella vive en el mar Caribe, es un lugar maravilloso, inmenso, donde viven muchos animales, hay plantas y el agua es cristalina.
Esta tortuga tiene muchos amigos: el pez Payaso, es muy simpático, la Medusa, un poco sensible, ni se puede tocar; el Tiburón gruñón pero amistoso. Todos van a la escuela “Marina, marinera”, allí el profesor Pulpo les enseña sobre lo bello de la vida, peligros y aventuras.
Paula y sus amigos están ansiosos por asistir a la excursión que el maestro Pulpo organizó, irán al parque “Botánico marino”, queda cerca de la superficie. Tal vez ella pueda volver a ver la playa en que nació, queda cerca de ese parque.
Paulita me ha contado que los adultos no dejan a los pequeños nadar en aguas poco profundas, porque hay monstruos que podrán dañarlos. Eso me dejó pensando:
–¿Qué clase de monstruos les haría daño a estos animalitos tan lindos?
Yo conocí a Paula en una calurosa tarde de verano, en la playa del parque Tortuguero. Una ola la trajo a mis pies, tan pequeña y bella. Le pregunté:
–¿Qué haces, pequeña, aquí solita?
–Hola, soy Paula, vine sin permiso de mamá, pero no sé cómo regresar.
–Yo te ayudo–. De nuevo la puse en el mar, no sin antes conversar.
El día de la excursión llegó, todos iban en la microbús “Ballena” con el cinturón de seguridad, listos para observar.
En el parque “Botánico marino” vieron distintas plantas, como el lirio azul, la flor de loto, algas…
Al terminar la excursión, los alumnos tuvieron tiempo libre; Paula y sus amigos salieron a nadar cerca de la superficie. Se estaban divirtiendo mucho, pero notaron que había bastante basura en el agua, objetos que nunca habían visto, con un olor desagradable.
Paula decidió dar el último chapuzón, pero en ese momento algo se le metió en la nariz, sangraba y sus quejidos se escuchaban desesperadamente.
Afortunadamente, unos turistas que paseaban en lancha la pudieron ayudar: –Mira, pobre tortuguita, se le ha metido una pajilla en su nariz, la debemos ayudar– dijo uno de los turistas.
Paula me vino a contar y a pedir que, por favor, los humanos la ayudemos, no tirando la basura en el mar, y dejando de usar tanto plástico que contamina su hogar.
Muy triste me puse al descubrir que los monstruos que dañan a los habitantes del mar somos nosotros los seres humanos, que no dejamos de contaminar.
–No te preocupes, Paulita, que yo voy a empezar a cuidar nuestro hogar y, con mi ejemplo, voy a demostrar que podemos cambiar.
Paula, la tortuga. Cinthia Cordero-Chacón. Revista Umbral, N.º XLIV, II semestre, 2019. ISSN 1409-1534. E-ISSN 2215-6178.

Acerca del autor
Docente de Primaria en I y II Ciclo, Ministerio de Educación Pública