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Aniversario de la Guerra de Coto: 1921-2021

Anniversary of the War of Coto: 1921-2021

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Introducción

El presente artículo tiene como fin describir los principales acontecimientos históricos del conflicto militar librado en la Zona Sur del país, a finales del mes de febrero y en marzo del año de 1921, el cual tuvo sus orígenes en disputas territoriales y limítrofes entre las repúblicas de Costa Rica y Panamá.

Este es un conflicto desconocido para muchos costarricenses, a pesar de que en él se defendió la soberanía nacional, involucrando la movilización militar del país a principios del siglo XX. Posteriormente, fue invisibilizada en los contenidos de los programas de estudio de la educación primaria y secundaria formal costarricense, pasando casi inadvertida en la historia oficial durante décadas. Al respecto, Arguedas (2019, pp. 167-168) plantea como razones de esta situación de “olvido” o silencio en la narración histórica oficial el contrarrestar el papel bélico de Julio Acosta García en la guerra, minimizar los conflictos con Panamá para llegar a un acuerdo limítrofe duradero, exaltando el papel del Estado como conciliador pacífico durante el  conflicto, los intereses económicos de los grupos que adversaban al gobierno de Acosta García, y a que “en lo fundamental las disputas entre compañías imperialistas que explotaban estas tierras (…) los agentes de la Yunai presionaron al gobierno panameño para que planteara el conflicto de Coto” (Gamboa, citado por Arguedas, p. 171).

Debe entenderse que una tarea primordial de la historia es develar y divulgar a las nuevas generaciones los acontecimientos que han marcado el devenir histórico de los pueblos. Es así que al analizar “el pasado ya no es algo ajeno, propiedad de ciertos “héroes”, sino el producto del trabajo colectivo de todos los hombres y del cual se forma parte mientras dure nuestra vida” (Murillo,1989, p. 21). Es acá que surge el interés, según enfatiza el historiador Marc Bloch (1982), de “comprender y no juzgar” los acontecimientos, las causas y consecuencias de todo hecho histórico, y en específico en esta investigación, el desenvolvimiento y las particularidades de esta guerra con Panamá.

Relacionado con los acontecimientos en Pueblo Nuevo de Coto, en 1921, el historiador Ricardo Fernández Guardia en su tradicional Cartilla histórica de Costa Rica indicó las razones que propiciaron el conflicto bélico. Según Fernández (1984), Panamá después de su independencia ocurrida en 1903 no aceptó las demarcaciones territoriales con Costa Rica, ni fueron ratificadas por aquella nación:

Habiendo proclamado Panamá su independencia de Colombia en 1903, el gobierno de don Ascensión Esquivel entró en negociaciones con la nueva república para el arreglo de la cuestión de límites; pero el tratado que con este objeto se firmó en 1905 no fue ratificado. En 1910, a fines de la administración González Víquez, se celebró en Washington, con mediación de los Estados Unidos, la convención Anderson-Porras, en virtud de la cual quedó definitivamente aceptada la frontera establecida por el laudo Loubet en la parte de Pacífico y se sometió la fijación de la línea divisoria en la parte de Atlántico, al arbitraje del presidente de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos. El 12 de setiembre de 1914 dictó su fallo el honorable Edward Douglas White, confirmando la interpretación dada por Costa Rica al laudo Loubet (Fernández, 1984, p. 139).

De texto anterior se deducen dos causas mediatas que confluyeron en el conflicto de Coto: en primer lugar, la demarcación limítrofe, al ser una elaboración artificial y convenio de Estados o partes, pudo ser el detonante del conflicto, pues generó un desequilibro en la justa repartición de tierras, lo que causó malestar entre los habitantes de esas zonas adyacentes a la frontera. Y, en segundo lugar, la demarcación limítrofe de acuerdo al derecho internacional de la época se apoyó en la legitimación de países extranjeros, quedando sujetos estos tipos de tratados a sentencias de árbitros internacionales quienes debían emitir un laudo (fallo o veredicto). Posteriormente, debían ser ratificados al interior de cada nación firmante, y en el caso que nos atañe, no satisfizo de manera absoluta a ninguno de los Estados.

Para Rodríguez (1991), la causa inmediata que precipita los enfrentamientos que más adelante se describirán se explica a partir de que el

21 de febrero Costa Rica se posesiona de Pueblo Nuevo de Coto, región que venían ocupando de hecho autoridades panameñas; dos días después las fuerzas de Panamá apresan a los costarricenses y el 28 atacan a un pequeño destacamento de Costa Rica causándole cuatro muertos; el 1° de marzo hay un nuevo ataque produciéndose más bajas. El 4 de marzo las fuerzas de Costa Rica se internan en territorio panameño y toman algunos poblados: Guabito, Las Delicias, Bocas del Toro y Almirante… (Rodríguez,1991, p. 154).

Orígenes del conflicto: cronología de disputas limítrofes

Este conflicto tuvo como causa fundamental, según nos explica el historiador Luis Fernando Sibaja (1969), una añeja controversia sobre la fijación del límite definitivo entre los dos países.

Por su parte, en la obra del investigador panameño Carlos Humberto Cuestas (1999), en su libro Panamá y Costa Rica, entre la diplomacia y la guerra, enfatiza que

la delimitación de fronteras entre Colombia y Centroamérica primero, y luego entre Colombia, su sucesora la República de Panamá, y la República de Costa Rica, constituyó un espinoso problema entre dos naciones vecinas y naturalmente amigas, no exento de peligrosas tensiones, que en ciclo casi interminable enfrentó complicadas negociaciones seguidas de movilizaciones de tropas, tanto en el Atlántico como en el Pacífico( p. 39).

Los anteriores conflictos en la demarcación fronteriza tica-panameña se remontan incluso al periodo colonial, de acuerdo con lo señalado a profundidad por Sibaja (1969): la existencia de desacuerdos de fronteras entre Costa Rica y la Gran Colombia (debe recordarse que Panamá perteneció a este país suramericano durante todo el período colonial hasta 1903). Continúa mencionando Sibaja (1969) que, en la Real Cédula del 1 de diciembre de 1573, la provincia de Costa Rica reclamaba como límite una línea que partía del Escudo de Veragua, en el Atlántico, y terminaba en el río Chiriquí Viejo, en la costa del Pacífico. Colombia, por su parte, se basaba en una Real Orden del 20 de noviembre de 1803 para reclamar como perteneciente a su territorio toda la Costa Atlántica de Costa Rica, hasta la desembocadura del río Sarapiquí. Por el lado del Pacífico, los colombianos fijaban el límite en el río Golfito.

El asunto empezó a agravarse, menciona Sibaja (1969), posterior a la independencia de Costa Rica en 1821 y durante todo el siglo XIX, pues no se logró fijar correctamente sus límites con Colombia (Panamá aún era parte de ese país para dicha época). Ante tal panorama, iniciando el siglo XX se propusieron de manera infructuosa intentos por resolver el asunto para crear un tratado de límites duradero y beneficioso para las partes. Para ello fueron necesarios distintos pronunciamientos dados por representantes de Francia y Estados Unidos, los cuales fungieron como árbitros internacionales. Seguidamente, se presenta un cuadro de dos intentos controversiales de establecer límites entre Costa Rica y Panamá, indicados por Sibaja (1969):

FechaÁrbitro / nacionalidadNombre del tratadoRazón del rechazo
11 de setiembre de 1900Emile Loubet, FranciaTratado Loubet, entre Costa Rica y Colombia.Costa Rica cuestionó este tratado al expresar que poseía vicio de ultra petita, ya que el árbitro se había excedido en sus funciones al conceder a Colombia una región en la zona del Pacífico. (Panamá sí lo valida).
De 1910 al 12 de setiembre de 1914.Edward Douglas White, honorable Chief Justice de los Estados Unidos.Convención Anderson-Porras, entre Costa Rica y Panamá (independiente de Colombia desde 1903).   También llamado: Fallo White.Declara como no existente la línea fronteriza en el Laudo Loubet en la zona del Atlántico; estableció la línea divisoria de los dos países. Panamá impugnó la decisión argumentando que Mr. White se había extralimitado en los poderes que le habían sido concedidos. (Costa Rica sí lo valida).

Fuente: Elaboración propia.

Desarrollo del conflicto armado

La causa inmediata del conflicto fue la instalación de las autoridades panameñas en Pueblo Nuevo de Coto y Cañas Gordas en 1921, pertenecientes aquel al actual cantón de Corredores, y este al cantón de Coto Brus. Estas poblaciones eran consideradas por los panameños como parte de su corregimiento; ajustándose al statu quo en su propio beneficio, asumían que su límite era el Río Coto. La policía panameña se había establecido algunos meses atrás con puestos permanentes para vigilar las posesiones. Panamá fortaleció en Pueblo Nuevo la “corregiduría de Coto” para mantener el control al mando del Corregidor Manuel Salvador Pinzón.

El gobierno de Julio Acosta García, ante este hecho, tomó la decisión de enviar un contingente de hombres a la zona del conflicto, para resguardar el territorio nacional ocupado por una corregiduría panameña, reclamando esas tierras como suyas. En total estaban en disputa tres mil kilómetros cuadrados de territorio.

La organización militar costarricense estuvo al mando del secretario de guerra Aquiles Acosta García, quien encomendó la primera incursión al coronel Héctor Zúñiga Mora, nombrado como comandante militar de la zona del Golfo Dulce; y como jefe militar, al comandante a Daniel González Soto. La presencia del primer contingente nacional dio paso al desenlace fatídico. La confianza en disponer de la región en cuestión, la falta de estrategias, la carencia de una visión militar integradora y el desconocimiento del espacio geográfico aventajaron a las fuerzas enemigas para entregar vencidos a los nacionales.

La expedición a Coto, al mando de Héctor Zúñiga Mora, se enrumbó hacia el puerto de Puntarenas, a mediados de febrero de 1921, para abordar las motonaves con entusiasmo y patriotismo, más que con una estrategia militar. Iban a lugares desconocidos, navegando hacia el sur por el Pacífico, en condiciones incómodas por el reducido tamaño de las lanchas. Les reforzarían tres embarcaciones más: La Sultana, La Estrella y La Esperanza. El punto de llegada era Puntarenitas, en Santo Domingo de Golfo Dulce (hoy Golfito), donde les recibiría el lugarteniente Daniel Herrera Irigoyen, en ese punto de partida hacia Pueblo Nuevo, unos 12 kilómetros río adentro.

Al coronel Héctor Zúñiga Mora lo acompañaba el Jefe Militar Daniel González Soto. “A estos oficiales los secundaban el teniente Luis Rivera, los sargentos Roberto Murillo y Manuel González, los cabos Antoniel Mora, Cecilio Porras, Gregorio Soto y Julio Córdoba, el corneta Alfonso Arias y 18 soldados de tropa” (Cuestas, 1999, p. 147). Este primer grupo se formó con soldados del Cuartel de Alajuela, y el 21 de febrero de 1921 logra tomar Pueblo Nuevo de Coto, ordenando izar el pendón costarricense en la plaza cerca del puesto de policía donde anteriormente estaba la de Panamá.

Entre el día 26 y el amanecer del día 27 de febrero de 1921, según menciona Sibaja (1969), las fuerzas militares de Panamá organizadas por el capitán Manuel Quintero Villareal, nombrado Jefe Supremo de la Campaña por el presidente Belisario Porras, envían más de un centenar de hombres panameños hacia Pueblo Nuevo. El capitán panameño Laureano Gasca y su gente, doce voluntarios de la población panameña de Bugaba, capturaron a los jefes de la misión de Costa Rica: Héctor Zúñiga Mora y Daniel González; al ser tomados prisioneros a orillas del río Coto, sus hombres se entregan y las armas pasan a ser del bando panameño, echando a la suerte a sus compatriotas que les seguían, dándoles toda la ventaja de operar una estrategia bélica a los enemigos. Estos se establecieron en Pueblo Nuevo, tomaron las posiciones para resguardar la entrada por el río, con plena confianza por haber tomado la corregiduría sin dificultad, de manera que “el general Quintero, veterano de las revoluciones colombianas, había avanzado sigilosamente con trescientos hombres, copado e intimidado la rendición de nuestros veintitrés soldados, que comandaban los coroneles Zúñiga y González” (Padilla, 1971, p. 14).

Debe recordarse que en Panamá se había suprimido el ejército para evitar el enfrentamiento con los militares estadounidenses de la Zona del Canal; por esta razón, tuvo que reclutar un grupo armado dirigido, como se indicó atrás, por el experimentado Manuel Quintero Villarreal, quien fue propuesto por el secretario de Hacienda y Tesoro de Panamá, Eusebio Morales.

Por su parte, Daniel Herrera Irigoyen, que ocupaba el puesto de Jefe Político del cantón de Osa, hizo una inspección del río Coto y el desembarcadero, de modo que todo estaba tranquilo, sin sospechar el cautiverio de la primera misión. Regresó a Santo Domingo de Golfo Dulce a la espera de las siguientes embarcaciones, confiado de que la región estaba custodiada por las fuerzas militares nacionales. Herrera era de origen mexicano, pero las vicisitudes de la revolución mexicana lo habían traído a Costa Rica. “Mejicano de origen y costarricense de alma, pertenecía a una distinguida familia yucateca. La revolución de su tierra lo trajo a Costa Rica. Fue poeta y escritor distinguido” (Padilla, 1971, p. 12). A este militar le correspondía guiar las embarcaciones de la tropa costarricense.

Al respecto, Padilla (1971) se refiere a que una vez capturado el grupo de costarricenses que lideraba Zúñiga, “ante la imposibilidad de tomar la plaza, los jefes panameños se habían comprometido a respetar a los nuestros y no atacarnos, ya que se había cometido la ingenuidad de anunciar nuestra llegada” (1971, p, 14). De acuerdo al excombatiente Guillermo Padilla, los panameños capturaron al primer grupo de costarricenses, los desarmaron y los tuvieron cautivos; eso les hizo conocer que vendrían refuerzos. Ante la ventajosa maniobra, los panameños tuvieron tiempo suficiente para preparar una emboscada que les resultaría exitosa; aquel pacto de honor se convertiría en odio contra los nuestros. Se dispusieron a cavar trincheras, a ubicar puntos estratégicos en las riveras altas del río Coto y, de forma premeditada, dejar izada la bandera patria para engañar a los soldados nacionales.

El 27 de febrero “como a las 5:30 p.m., al llegar cerca de la desembocadura del río Conte en las aguas del Coto, casi frente al retén que debía cubrir Solís, oyeron el ruido de una gasolina (nombre dado a las embarcaciones fluviales de tamaño mediano) que navegaba aguas arriba” (Cuestas, 1999, p. 208). Se trataba de la embarcación costarricense La Sultana.

En este primer ataque, los panameños disparaban a mansalva desde tierra, sin darles la posibilidad de desembarcar. Ahí encajonadas en el cauce del río sucumbieron las tripulaciones en la mejor posición para ser abatidas por las ráfagas fulminantes que venía de las dos riberas. Entre los combatientes costarricenses se destacan los jefes de las comisiones: el capitán Miguel Ángel Obregón y Daniel Herrera Irigoyen.

En su relato, Padilla (1971) afirma que:

Las reglas internacionales que tienen su cimiento en la hidalguía se esfumaron en la conciencia de los vencedores. Y se produjo la tragedia sangrienta. Los muertos fueron dejados sobre el césped y cubiertos piadosamente con hojas de plátano. Los heridos fuimos trasladados a un rancho en el que penetraba la lluvia por todos sus poros de su techo de palma. Y cayó la noche y la tempestad. Lluvia y oscuridad solo iluminada por la constante rayería. Eso en lo externo. Y en nosotros mismos, el dolor de la desolación y las lesiones. Ese dolor que no se explica, porque su sentido es hondo y sobrenatural. La sangre se mezcla con el sollozo de nuestra impotencia (1971, pp. 14-15).

El segundo ataque de los panameños ocurrió el 1° de marzo de 1921, a las 10:30 a.m.; se trató del ataque a la embarcación La Estrella, cuyo capitán era Amadeo Vargas. “Las tropas panameñas dejaron avanzar las gasolinas hasta el muelle donde se atrincheraban los policías al mando de los subtenientes Mejía, Vega, Luna y Herrera” (Cuestas, 1991, p. 220).

Sobre la tragedia de La Estrella, Padilla (1971) afirma:

El 1° de marzo y siguiendo la misma trayectoria nuestra, “La Estrella” surcaba las aguas del río trágico al mando de los coroneles Amadeo Vargas y Alfredo Arguedas. Y la escena se repetía. Posiblemente los soldados también gritaron vivas a Costa Rica frente a la fusilería panameña, creyendo que aquellos soldados eran los nuestros. Se sostuvieron, al igual que nosotros, en la treta y por fin, acosados por fuerzas infinitamente superiores, se rindieron, cuando la resistencia equivalía un suicidio (1971, pp. 14-15).

La última embarcación costarricense fue atacada el mismo día 1° de marzo. Se trataba de La Esperanza, la que ingresó a las orillas de Pueblo Nuevo a primeras horas de la noche. En ella venían provisiones para los soldados costarricenses. La tripulación se rindió para evitar muertos.

Según Cuestas (1999), refiere el coronel Armuelles en su parte militar:

Efectivamente a las 7:00 p.m. entró otra gasolina [embarcación] pero con muy poca tripulación, la que vivaba a Costa Rica; los nuestros [los panameños] daban vivas a Panamá; esta lancha siguió aguas arriba hasta cruzar nuestro primer retén, por lo que hubo de hacerle fuego haciendo un avance por tierra siguiendo la orilla del río. Con este movimiento la nave ancló y se rindió y fue tomada por el subteniente Vega, previa orden mía y embarcado en un cayuco ayudado por varios policías. Fue traída al puerto y de su tripulación resultaron dos heridos y cinco prisioneros, total de la tripulación (Cuestas, 1991, p. 230).

Coto se vistió de sangre, de muerte, de dolor, de incertidumbre tras las trágicas emboscadas, entre el 27 de febrero y el 1° de marzo de 1921, a las tripulaciones de La Sultana, La Estrella y La Esperanza. Los 32 muertos fueron enterrados, pero el cuerpo del coronel Daniel Herrera fue sepultado por aparte debajo de un roble, y el resto de los soldados en una fosa común cerca del río. Los heridos fueron atendidos por el francés Henry Villar, voluntario de Bugaba. Tanto los heridos como los prisioneros de guerra fueron llevados a Panamá.

Los panameños contaban con facilidades de comunicación, como el telégrafo, el ferrocarril, embarcaciones y experiencia militar. Según Cuestas (1999), al referirse a la estrategia miliar emitida por el presidente panameño Belisario Porras al General Manuel Quintero Villarreal, se dispuso que “el ataque sería combinado por tierra y mar involucrando un total de 200 hombres. El Veraguas, blindado con sacos de arena y armado con la ametralladora, avanzaría por el río Coto aguas arriba hasta un cierto punto no distante del campamento enemigo, donde desembarcarían 50 soldados, quienes tomarían posiciones para cubrir la orilla del río” (Cuestas, 1999, p. 198). La posición de estos hombres era para impedir el ingreso de más lanchas, así como bloquear el escape de los soldados cautivos de Héctor Zúñiga, por la vía acuática. “El Veraguas continuaría hasta el campamento, mientras que 150 hombres entre policías y voluntarios atacarían Coto por tierra[.] De estos hombres, 100 atacarían por el camino real al sur del campamento y 50 por el noreste en la margen derecha del río” (Cuestas, 1999, p. 198). Las coordinaciones de los frentes de ataque estuvieron listas desde el 25 de febrero de 1921 por parte de Panamá, en las cuales aprovecharon el conocimiento geográfico.

Desde David hasta Rabo de Puerco (hoy Puerto Armuelles) había un camino de comunicaba el corregimiento panameño de Progreso, Chiriquí, con Pueblo Nuevo o con Barajas por la vía del río Colorado; usaban la desembocadura del Río Coto y el estero como punto de arribo desde el Puerto de Pedregal. Desde David se prepararon afanosamente para atacar a Costa Rica, con grupos armados que incluían veteranos excombatientes de la Guerra contra Colombia, o “Guerra de los Mil Días”, destacándose Manuel Quintero Villarreal, Alfonso Vásquez, Laureano Gasca y Ricardo Franchesqui, en apoyo a las incursiones del coronel Tomás Armuelles.

El conflicto amenazó con extenderse cuando el presidente de Costa Rica, Julio Acosta García, ordenó enviar tropas costarricenses para ocupar el Caribe como respuesta al ultraje ocurrido en el río Coto, para vengar la muerte de los compatriotas caídos en combate. “La movilización se convirtió en general y empezaron a salir tropas por el lado del Atlántico al mando de distintos jefes, entre los cuales recordamos al general Ricardo Monge, a los coroneles Gerardo Zúñiga Montúfar, José María Pinaud, José Joaquín Zavaleta, Samuel Montandón, Abel Robles, Ricardo Fernández Peralta (en el cuerpo de artilleros), y otro más” (Obregón, 1981, p. 295). Además, San José vivía intensas manifestaciones. “Listas para salir se encontraban en la capital otras tropas cuyos jefes eran el general Jorge Volio, el general Rafael Villegas, el coronel Víctor Guardia Quirós, etc. El expresidente de la República don Rafael Iglesias Castro pidió ser enviado, y se le nombró jefe de otro batallón” (Obregón, 1981, p. 296).

A través del gran desplazamiento militar, utilizando la vía del ferrocarril, el ejército costarricense, el 4 de marzo de 1921, había ingresado a la región de Sixaola, tomando posición en Guabito, Las Delicias y luego Almirante y Bocas del Toro, sin tener respuestas bélicas de Panamá. “A mediodía del 5 de marzo, entró a la rada del puerto el buque de guerra norteamericano Sacramento, lo que provocó malestar entre la tropa, porque pensaban que Estados Unidos intervendría en el conflicto a favor de Panamá, suposición muy alejada de la realidad…” (Cuestas, 1999, p. 337).

La táctica ofensiva costarricense se orientaba a atacar Bocas del Toro, con suficientes hombres y municiones. “El ataque, sin embargo, no se efectuó porque el gobierno de Acosta atendió la solicitud norteamericana de retirar sus fuerzas hasta la línea fronteriza del statu quo con la garantía de que Washington haría cumplir a la República de Panamá las disposiciones del Laudo del Chief Justice Edward Douglas White” (Cuestas, 1999, p. 337).

Fue a causa de esas acciones diplomáticas de Estados Unidos que se establece el cese de las hostilidades, para entrar en una negociación. Panamá fue obligada por Estados Unidos a aceptar el Fallo White. Los problemas limítrofes entre ambos países fueron superados definitivamente con la firma del Tratado Echandi Montero-Fernández Jaén, “ratificado por la República de Panamá mediante Ley N.° 51 de 20 de mayo de 1941” (Cuestas, 1999, p. 388). De esa forma, a partir de 1941 se delimitó definitivamente la frontera entre ambos países, a la vez que se inició un proceso de paz que, aunque no fue automático ni rápido, sí fue acogido de manera permanente por ambas naciones.

Caídos en combate

Nombre de los soldados caídos en la Guerra de Coto

1-Alvarado Carvajal, Hernán17-Herrera Irigoyen, Daniel
2-Alvarado Soto, Ángel18-Jiménez Jiménez, José Luis
3-Araya Moya, Nemesio19-Jiménez Salazar, Pedro
4-Barboza Rivera, José20-Jiménez Zumbado, José
5-Bonilla Chavarría, Ismael21-Méndez Méndez, Emilio
6-Calvo Rojas, Tobías22-Morales Morales, Pedro
7-Campos Acuña, Rubén23-Mora Solano, Víctor
8-Castro Castro, Hernán24-Pacheco Varela, Aníbal
9-Cedeño Rivera, Rafael25-Parini Roldán, José
10-Coto Guillén, Miguel26-Ramírez Ramírez, Miguel
11-Coto Vásquez, Juan Rafael27-Román Román, Ricardo
12-Chávez Zamora, José28-Rojas Rojas, Emilio
13-Díaz Angulo, Miguel29-Sánchez Sánchez, Alberto
14-Gómez Gómez, Jorge30-Vílchez León, Juan Rafael
15- Guevara Guevara, Juan Luis31-Zúñiga Zúñiga, Manuel
16- Hernández Gallegos, Juan32-Soldado anónimo

Tomado de: Padilla, 1971, pp. 16-17.

La memoria histórica de Pueblo Nuevo de Coto

En la planicie de Coto Colorado, casi a nivel del mar, está Pueblo Nuevo. Se ubica unos 10 kilómetros antes de que el río desemboque en el Golfo Dulce. En 1921 el caserío estaba a la orilla del río; hoy el cauce se distanció aproximadamente 3 kilómetros; el humedal aún marca la ruta por donde entraron los grupos en discordia. El río es navegable; lo era aún más antes: constituía la ruta de penetración a la llanura junto con el río Colorado hasta regiones como Las Pangas, Barajas, Coto 47, Río Claro y Comte. Pueblo Nuevo era un atracadero de lanchas que permitía el trasiego de mercancías con Puntarenitas, Santo Domingo y las penínsulas de Osa y Punta Burica.

En el pueblo, un sencillo monumento marca dónde estuvieron sepultados por un tiempo los cuerpos de los caídos en Coto; otro monumento cerca del salón comunal recuerda sus nombres. Aún está la casa de Marcelino Delgado, uno de los nacionales que fue apresado en varias ocasiones por las fuerzas armadas de Panamá; marcan la historia el paredón donde fue el atracadero, la plaza, el barrio viejo, los caminos… La gente mantiene viva la historia, los pobladores la han pasado a generaciones por sí solos, como si al resto del país no le importara.

Cada 21 de febrero se realiza un acto solemne en Pueblo Nuevo; al menos ese día el monumento a los “caídos de Coto” recibe ofrendas florales, se invocan los nombres de los muertos en combate, se revitaliza la historia, y se refuerza la idea de la confraternidad de hoy entre ticos y panameños.

Indudablemente este pueblo tiene una trascendencia histórica en la defensa de la soberanía nacional y el rescate de 3000 kilómetros cuadrados de territorio, la firma posterior de un tratado de límites, y la consolidación de la convivencia pacífica. Seguirán siendo testimonio de un acontecimiento que se resiste a quedar en el olvido, aunque la academia oficial, la clase política y los intereses ideológicos así lo han querido sumergir.

La prensa escrita, un protagonista indiscutible en el conflicto de Coto

El rol de la prensa escrita costarricense de la época en que ocurrieron los hechos descritos evidencia un protagonismo muy sutil en su esfuerzo por elaborar un discurso nacionalista en torno al conflicto entre Costa Rica y Panamá, así como convocar al voluntariado entre los habitantes del país a empuñar las armas contra la sangre derramada y la usurpación territorial.

El lenguaje periodístico, además del relato día a día de los diversos acontecimientos militares en el conflicto, elabora un esquema semántico en torno a los conceptos de patria, patriotismo, nación, soberanía nacional, deber y guerra. De esta forma presenta elocuentemente un llamado a la defensa de la soberanía nacional, integrando componentes racionales y emotivos que legitimen ante la vista del lector el deber moral a participar en la defensa de la soberanía nacional.

Este deber patriótico es reiterado en los diarios costarricenses en el fenómeno coyuntural que suscitó el conflicto de Coto, al articular dos concreciones superpuestas que, según González (1994), son “el deber entendido como lealtad y obediencia a los ancestros, a los próceres, a los fundadores de la patria. La otra concreción es el deber de defender el patrimonio histórico-cultural, frente a las amenazas externas e internas” (p. 36).

De ahí que al inspeccionar detalladamente algunos de los periódicos costarricenses que se difundían en 1921 (Diario de Costa Rica, Diario del Comercio, La Tertulia y El Heraldo), en el trascurso de que va del 21 de febrero hasta los primeros días de abril, se aprecia un manejo expresivamente nacionalista en el diseño gráfico de los títulos. Uso de mayúsculas en los títulos principales, centrados y acaparando textos informativos extensos con gran detalle del conflicto.

Por ejemplo, el Diario de Costa Rica publicaba: “LAS MAESTRAS EN ACCIÓN: Las directoras de las escuelas de San José, en reunión de esta mañana, acordaron dedicarse a amasar a fin de proveer de biscocho a los soldados que salgan para la campaña. Es la repetición de la noble y desinteresada tarea de nuestras abuelas durante la Campaña Nacional del 56”(Diario de Costa Rica, 03 de marzo, 1921, p. 2).

Acá el parangón entre 1856 y 1921 lo demuestra la prensa, mediante el recurso de una retórica introspectiva que proporciona mensajes elocuentes y cargados de elementos nacionalistas, contribuyendo a reunir sectores contrapuestos al interno de la sociedad costarricense. De ahí que el Diario del Comercio publicara que

Cuantos sueñan morir por defender nuestra integridad, con el vivo ejemplo de los bravos soldados del 56, se aprestarán a engrosar las filas de los patriotas que marchen en pos de la santa causa. Vivo está el recuerdo de la gloriosa Francia y de Bélgica, para que los costarricenses se crucen de brazos ante los fines aviesos de nuestros vecinos que en una forma tan innoble corresponden a la hospitalaria acogida que le hemos dispensado (Diario del Comercio,03 de marzo de 1921, p. 3).

Esta vez, la amenaza común que aglutinaría todos los esfuerzos por el bien colectivo va a recaer en la imagen de un país: combatir a Panamá. En este escenario, se tributan elementos que refuerzan un supuesto patriotismo homérico que son insertados, en un lapso relativamente corto, en la mentalidad del lector costarricense.

Seguidamente se presenta un cuadro de titulares que presentaban algunos periódicos de la época y los temas tratados en sus páginas principales:

Nombre del periódico y periodo analizado (del día 26 de febrero hasta abril de 1921)  Titulares
Diario del Comercio“Entre Costa Rica y Panamá se ha creado una situación difícil. Nuestras fuerzas han ocupado las zonas regionales del sur, que los panameños ocupaban contra todo derecho desde hace algún tiempo. Las ciudades de Panamá y Colón”, y “En Panamá se cree que se ha presentado ya un casus belli en Costa Rica”.
El Heraldo“Se recupera una parte del territorio. El pabellón de Costa Rica se mece altivo en Conte. Estamos de plácemes”. Acá se reseña que el coronel Héctor Zúñiga, con una tropa armada de 25 hombres y a bordo de la embarcación La Estrella, tomó posesión pacífica de Pueblo Nuevo de Conte, el cual estaba a cargo de un corregidor de Panamá. Enarbolaron la bandera de Costa Rica para honor del país.
La Tribuna“Ejerciendo actos de Soberanía” y en la segunda página “Ocupación militar de nuestro territorio del suroeste”. “El poder ejecutivo de Costa Rica declara atentatoria la conducta de Panamá. El Gobierno de Panamá pide explicaciones, el de Costa Rica que no debe darlas”.
Diario de Costa Rica“El pueblo decidido a sostener el decoro nacional”. “Detalles del encuentro con las fuerzas del coronel Zúñiga, Miguel Ángel Obregón herido en el Hospital de Ancón. Declaraciones de Porras provocaron descontento general”. “Completos detalles del movimiento revolucionario contra Porras: Informe de los Combates librados en Coto. Lista de muertos, heridos y prisioneros”. “Washington estaba advertido de la ocupación de Coto. Llegó a la frontera el batallón de la muerte”. “Jornada heroica de ayer. Guabito, Almirante y Bocas del Toro cayeron en poder del Gobierno” y “Últimos informes del conflicto. Los sucesos del Boca del Toro. Fragata americana en Almirante”.

Fuente: Elaboración propia.

Además de los titulares de portada, al interno de los medios escritos durante todo el conflicto de Coto se invocan constantemente ideales heroicos y valores patrióticos. Por ejemplo, en el Diario del Comercio se externa que

Ya la primera sangre ha sido derramada y ello enardece más el patriotismo de los costarricenses que como un solo hombre están dispuestos a mezclar su propia sangre con la que ya la tierra ha absorbido y conserva indeleblemente para enseñar, ante el tiempo y el espacio, el triunfo de la Justicia que se avecina.

Obregón, Padilla, Zúñiga y sus valientes soldados son los primeros, son los avanzados de la gloria que enseñarán el camino del deber a todos sus compatriotas.

Ya llegan, ya llegan los buenos hijos de Costa Rica, los hermanos que vengarán. Allí, en el campo, ante el misterio de la noche quizás bañados por la luz de la luna, o recibiendo en la mañana los primeros resplandores del sol, caerán unos, heridos por balas enemigas, otros levantarán muy en alto el Pabellón Nacional y todos recibirán el beso de la gloria.

Costa Rica confía en sus hijos, que sabrán darle victoria, porque con ellos está, como lo dijo nuestro ilustrísimo Arzobispo: Dios, la Justicia y el Derecho.

(Diario del Comercio,3 de marzo de 1921, p. 1). El resaltado es del autor.

Se puede apreciar que se construía hábilmente un discurso nacional directo, que exhortaba un espíritu solidario en defensa del derecho a la paz, la búsqueda de causas justas como el respeto a la legalidad y la autodeterminación soberana. Gracias a ellos se entreteje en la mente del receptor del periódico el concepto de unidad nacional requerido para elevar la conciencia social, y proyectando en él una imagen de un colectivo que defiende a su patria, que solo unida triunfará a través de las armas.

La sociedad civil inspirada atendió al llamado de defensa de la patria, según lo relatado por los periódicos. Prueba de ello fueron los batallones de voluntarios que llegaban a los cuarteles de Cartago, San José y Alajuela. De ahí se conformaron algunos con nombres bastantes singulares: el Batallón Pinaud, el Batallón Domingueño, el Batallón Puntarenense, la Compañía Chomeña y el Batallón Irazú. Este último se “componía de un total como setecientos hombres, trescientos jinetes y el resto de infantería” (La Tribuna, 12 de marzo de1921, p. 4). Y el Batallón de la Muerte, surtido por más de cien voluntarios.

El batallón organizado por don Paco Amerling han dado en llamarlo “Batallón de la Muerte”. Por algo debe ser, pues está compuesto por un grupo de voluntarios de los más decididos, y su número total asciende a ciento veinticinco muchachos. Muchos de ellos conocen perfectamente toda la zona fronteriza y marcharán por terreno propio (…). El batallón saldrá mañana muy bien equipado (La Tribuna, 3 de marzo de 1921, p. 1).

Al mismo tiempo, en el Diario de Costa Rica se indicaba que “se organizaron cuerpos de caballerías y, junto a estos, la Cruz Roja con voluntarios que servían de camilleros, enfermeros y farmacéuticos” (Diario de Costa Rica, 3 de marzo de 1921, p. 3.). Ese mismo día se citaba a personajes adinerados y sacerdotes, ofreciendo ayudas en dinero para apoyar a los ejércitos que iban a combatir: el Lic. Pedro Pérez Zeledón y su esposa ofrecieron construir un Hospital de Sangre en Esparza. También la señora Amelia González de Lahmann ofreció 25.000,00 colones en libras esterlinas o en dólares, para causas relacionadas por la guerra. Y en el caso particular del cura párroco de Desamparados, Rosendo de J. Valenciano, expresaba “el deber cristiano a ir a pelear y no salir huyendo en las batallas” (Diario de Costa Rica, 3 de marzo de 1921, p. 2).

Inclusive, se publica el apoyo de la compañía bananera estadounidense United Fruit Company, que tenía operaciones en Costa Rica, de la cual se indicaba que “ha ofrecido sus servicios en esta emergencia, poniendo a la orden del Gobierno sus comisariatos, ferrocarriles y propiedades” (Diario de Costa Rica, 1 de marzo de 1921, p. 5).

La prensa dio a conocer el apoyo de parte de países centroamericanos como Guatemala, Nicaragua y El Salvador, así como de ciudadanos españoles y alemanes radicados en el país, que públicamente dieron su adhesión a la causa costarricense.

Veamos el ejemplo:

El Ministerio de Relaciones Exteriores recibió el siguiente mensaje:

El Salvador con sus sentimientos de solidaridad centroamericana presenta al Gobierno de Costa Rica sus invariables simpatías con el grave conflicto ocurrido con Panamá. Sírvase hacerlo así presente a ese Gobierno. El Ministro de Relaciones, Paredes. Depositado en Limón el 04 de marzo de 1921 a las 8 de la mañana (…). Los jóvenes alemanes no han podido hacerse indiferentes a nuestra causa y salieron ayer con el señor Rothe, nuestros buenos amigos don Egon Holst y el señor Rudolf Lindgens, que forma parte del Batallón de General Villegas (Diario de Costa Rica, 05 de marzo de 1921, p. 1).

Igualmente se publican las listas de los heridos y prisioneros, información dada por el periódico La Estrella de Panamá al diario La Tribuna, así como el buen trato otorgado en tierras panameños a los heridos y prisioneros:

El vapor “David” regresó ayer a este puerto como al medio día, procedente de David, Chiriquí, trayendo a bordo 151 prisioneros de guerra costarricenses, los cuales, con excepción de 28 que están curándose en el Hospital de Santo Tomás, han sido internados en la Isla Taboga en el edificio que el Ministerio de Instrucción Pública usa para escuela. Los prisioneros están sometidos a estricta vigilancia militar (La Tribuna, 11 de marzo de 1921, p. 1).

La prensa se encargó de informar sobre la participación de algunos connotados educadores de la época, como Luis Dobles Segreda y Omar Dengo, al publicarse que “Mañana a las nueve se ofrecerá una fiesta en la Escuela Normal de Costa Rica, a su director don Omar Dengo que, movido de un sentimiento patrio (…), se alistó como simple soldado en el batallón que comandaba el Lic. Don Víctor Guardia Quirós. Sus alumnos vieron en ese gesto una nueva lección del maestro y han querido perpetuarla, demostrando al señor Dengo que supieron apreciarla” (Diario de Costa Rica, 11 de marzo de 1921, p. 3).

El Diario de Costa Rica presentó además discursos justificando el envío de tropas costarricenses por el Atlántico y por el Pacífico. Tales discursos eran expedidos por el Congreso Constitucional de Costa Rica, citados por el Secretario de Relaciones y el presidente del Congreso, acerca de las acciones ejercidas contra Panamá; las cuales, según el matutino,  estaban bien fundamentadas por el derecho internacional, y el Presidente Julio Acosta obró como debía, y si se dieron muertos fue porque este desconocía la forma en que Panamá actuó contra las tropas en Coto. Enarbola tales discursos con la siguiente frase: “La espada no se saca sin razón ni se envaina sin honor” (Diario de Costa Rica, 12 de marzo de 1921, p. 4).

Como puede apreciarse, en su momento se dieron a conocer mensajes alusivos a temas tales como la guerra y la organización militar, los detalles de cada incidente del conflicto. Su función va a ser transcribir los discursos nacionalistas del Poder Ejecutivo y Legislativo; dar a conocer la recolección de donativos en dinero y especie para atender los efectos de la guerra; informar la conformación de las tropas que provenían de distintas provincias que marcharon al combate; sus desplazamientos por la zona Atlántica y por Golfo Dulce; el regreso de los prisioneros y heridos de Panamá, entre otros tantos detalles más.

En síntesis, la prensa escrita que circuló en Costa Rica en los meses de febrero y marzo de 1921 tuvo un papel descollante en informar a toda la sociedad el conflicto de Coto, al transmitir con vehemencia a los costarricenses la organización que en colectivo se estaba realizando, los valores patrióticos, como el deber moral de participar en la guerra, la defensa de la soberanía nacional y el respeto al derecho internacional sobre los límites fronterizos entre Costa Rica y Panamá.

Conclusiones

En este hecho murieron más de treinta soldados costarricenses, más de cuarenta resultaron heridos y otro tanto fueron tomados prisioneros. La sociedad costarricense se levantó en armas para vengar la afrenta, enviando fuerzas militares mejor organizadas que ingresaron hacia la región de Coto y por Sixaola, apoderándose el 4 de marzo de la zona caribeña de Almirante en Bocas del Toro, perteneciente a Panamá. Esto significaba un enfrentamiento de dimensiones mayores, pero por esos días Estados Unidos tenía el control del Canal de Panamá e intereses en expandir por la zona los cultivos de banano, así que exigió a Costa Rica y Panamá que cesaran las hostilidades. Esta acción directa de Estados Unidos puso fin a las agresiones militares de ambos países y tuvieron que replegarse las fuerzas militares y reestablecer la paz.

Además se logró la reafirmación de los derechos territoriales sobre una vasta zona fértil de alrededor de tres mil kilómetros cuadrados. Con ello, el gobierno por fin le dio la importancia a establecer los límites definitivos con Panamá, con lo que logrará integrar socioeconómicamente la Región Coto al resto de país.

Finalmente, gracias al conflicto de Coto se logra la reconciliación de la sociedad costarricense luego de la honda división que ocasionó la dictadura de los hermanos Tinoco y, por ende, la ratificación del espíritu patriótico costarricense que no había sido invocado desde la Campaña Nacional en 1856.

Aniversario de la Guerra de Coto: 1921-2021. Alberto Rojas-Vásquez y Javier Olivares-Ocampo. Revista Umbral, volumen 46, N.º 2, julio-diciembre, 2021. ISSN 1409-1534, e-ISSN 2215-6178

Acerca del autor

alberto.rojas.vasquez@mep.go.cr | + posts

Ministerio de Educación Pública
Alajuela, Costa Rica
ID ORCID: https://orcid.org/ 0000-0003-0004-5228

jolivares@uned.ac.cr | + posts

Universidad Estatal a Distancia,
Puntarenas, Costa Rica
ID ORCID: https://orcid.org/ 0000-0002-0761-5142

Referencias bibliográficas

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Consulta de la prensa digital: Sistema Nacional de Bibliotecas (www.sinabi.org.cr)

  • El Heraldo (del 25 de febrero al 01 de abril de 1921)
  • La Tribuna (del 26 de febrero al 12 de marzo de 1921)
  • Diario de Costa Rica (del 26 de febrero al 31 de marzo de 1921)
  • Diario del Comercio (del 26 de febrero al 29 de marzo de 1921)

REFERENCIA DE LAS IMÁGENES DE LA GUERRA DE COTO:

IMAGEN 1: Mapa de la descripción de la Guerra de Coto en 1921. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Coto.PNG 

IMAGEN 2: Mapa del conflicto fronterizo. https://www.laestrella.com.pa/nacional/160313/coto-guerra-panama-perdio-ganando

IMAGEN 3: Alegoría de la batalla en el Río Coto (Autor: Edwin Espinoza Velásquez, pintor costarricense, oriundo de Corredores, Puntarenas).

IMAGEN 4: Alegoría de la batalla de Coto (Autor: Edwin Espinoza Velásquez, pintor costarricense, oriundo de Corredores, Puntarenas).

IMAGEN 5: Placa conmemorativa de los 32 fallecidos en la Batalla de Coto, ubicada en el Monumento a los Caídos, Pueblo Nuevo, Coto, Corredores, Puntarenas.

IMAGEN 6: Monumento donde se ubicó la fosa común de los restos de los costarricenses muertos en la batalla de Coto, ubicado en Pueblo Nuevo, Coto, Corredores, Puntarenas.

IMAGEN 7: Monumento actual conmemorativo de la batalla de Coto, ubicado en Pueblo Nuevo, Coto, Corredores, Puntarenas.

IMAGEN 8: Armas utilizadas en la batalla de Coto, ubicadas en la Sala Museo de la Guerra de Coto, en el cuartel de policía de David, Chiriquí, Panamá.

IMAGEN 9: Casa de Marcelino Delgado, costarricense preso por fuerzas panameñas en la batalla de Coto, ubicada en Pueblo Nuevo, Coto, Corredores, Puntarenas.

IMAGEN 10: Plaza Principal y actual de Pueblo Nuevo, Coto, Corredores, Puntarenas.

IMAGEN 11: Buques de Costa Rica capturados por fuerzas panameñas en el río Coto, durante la guerra de Coto en 1921. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Buques_de_Costa_Rica_capturados_en_Coto.jpg

IMAGEN 12: Mapa histórico-geográfico de Costa Rica y el ducado de Veragua (1892). Durante el siglo XIX Costa Rica fijó su frontera con Colombia a partir del río Chiriquí Viejo, la cordillera Central y el río Calovébora hasta la isla Escudo de Veraguas (línea amarilla). Con ello, buscaba reclamar la zona de Bocas del Toro. Mientras que Colombia fijó su frontera con Costa Rica a partir del río Golfito y se extendía hasta el valle del río Sixaola. Colombia reclamaba la zona oriental del golfo Dulce y Talamanca. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Mapa_hist%C3%B3rico-geogr%C3%A1fico_de_Costa_Rica.jpg

IMAGEN 13: Frontera según el Fallo Loubet (1900). https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Mapa_de_la_frontera_Costa_Rica-Panam%C3%A1_(1900).svg

IMAGEN 14: Frontera según el Fallo White (1914). https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Mapa_de_la_frontera_Costa_Rica-Panam%C3%A1_(1914).svg

IMAGEN 15: Reclamaciones de frontera hechas por Colombia, Costa Rica y la República Federal de Centroamérica, según el uti possidetis iuris de 1810. https://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_Coto#/media/Archivo:Mapa_de_la_frontera_Costa_Rica-Panam%C3%A1_(reclamaciones).svg/Mapa%20hist%C3%B3rico-geogr%C3%A1fico%20de%20Costa%20Rica%20y%20del%20Ducado%20de%20Veragua%20por%20D.%20Manuel%20M.%20de%20Peralta.%20Madrid%201892

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Recibido: 23/04/2020
Aceptado: 09/04/2021
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CÓMO CITAR / HOW TO CITE
Rojas-Vásquez, A. y Olivares-Ocampo, J. (2021). Aniversario de la Guerra de Coto: 1921- 2021. Revista Umbral, 46(2).