Cuento
Aquel día en la biblioteca, escuché un llanto. No vi a nadie. Llena de curiosidad, empecé a buscar de dónde provenía y después de un rato pude ver un charquito y sobre él un libro; lo tomé y me di cuenta de que era él quien lloraba.
Casi lo tiro del susto, pero mi curiosidad pudo más que el temor. Le pregunté por qué lloraba, a lo que me contestó:
“En este estante estoy
escondido y olvidado.
El tiempo y el desuso
mis palabras han borrado.
Antes llenaban mis páginas
las letras y el color,
ahora solo me acompañan
la soledad y el dolor.”
Aún llorando, continuó su relato: un día alguien lo había dejado ahí guardado y, con el pasar del tiempo, las palabras que tenía escritas, los personajes y lugares que antes vivían en él se fueron borrando. Poco a poco, solo le quedaron hojas en blanco.
Lo curioso fue que, conforme me iba contando su historia y los cuentos que antes vivían en él, las palabras iban apareciendo, así como bellas ilustraciones.
Emocionado, el libro empezó a recitar:
“Mis páginas se llenaron
de imaginación y alegría.
Hoy volví a tener un mundo
de ilusión y fantasía.”
Me despedí, dejándolo donde muchas personas lo vieran y lo leyeran, para que nunca más se borraran las palabras y siguieran viajando a través del tiempo.
Cuento “El libro solitario”, Laura Giselle Ramírez-Sequeira. Revista Umbral , volumen 45, N.º 2. Diciembre, 2020. ISSN: 1409-1534, EISSN electrónico: 2215-6178.

Acerca del autor
Docente en Ministerio de Educación Pública
San José, Costa Rica
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