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La persona profesora: Competencias para interactuar en el espacio innovador de aprendizaje

The teacher person: Competences to interact in the innovative learning space

Introducción

Cada sociedad debería contar con una imagen de sociedad y de ciudadano a la que como colectivo desde las perspectivas de cambio social y crecimiento económico aspira alcanzar a futuro. Tal delimitación conlleva a la vez la estructuración de un sistema de educación que asuma la misión de formar a las personas con la capacidad, talento y competencias que requiere la sociedad para su desarrollo económico. Así como con las actitudes de convivencia, participación social y los patrones de conducta moral y cívica para atender las necesidades de su desarrollo social.

De ahí la relevancia de que cada sociedad logre desarrollar un sistema de educación de calidad, que potencie una administración eficiente y eficaz, innovadora y visionaria del sistema, para que la educación logre su cometido económico y social.

Los sistemas de educación de las sociedades del siglo XXI, asumen el reto de desarrollar una educación de calidad que logre tales aspiraciones económicas y sociales en un contexto muy diferente a lo experimentado en los dos siglos anteriores. Un contexto esculpido por el conjunto de cambios económicos, culturales, sociales y políticos que tiene su génesis luego de la Segunda Guerra Mundial y logran en las décadas de1980-1990 su consolidación; producto de dos hechos relevantes, el primero los cambios en la geopolítica mundial por la propensión del comercio a extender sus operaciones, más allá de sus fronteras nacionales, alcanzando una dimensión de nivel mundial con la integración de diversas sociedades a nivel internacional. Y el segundo la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación, que vino a fortalecer tal integración o globalización.

La globalización, por tanto, es en primera instancia un fenómeno económico y político que asocio al mundo, y en segunda instancia un fenómeno tecnológico que conectó al mundo, provocando según Cornejo (2010), transformaciones y cambios relevantes en las sociedades entre los que destacan:

  • Uso intensivo de la tecnología.
  • Surgimiento de la sociedad del conocimiento.
  • Aumento de las fuentes de información y comunicación.
  • Flexibilidad y movilidad en la naturaleza del trabajo.

Estas transformaciones y cambios permean a la educación y le plantean tres desafíos:

  • Estructurar sistemas de educación afines para atender las nuevas necesidades formativas que a nivel social y económico requieren las sociedades para su transformación y cambio continuo dentro del orbe global (Rojas et al., 2012).
  • Replantear la estructura arquitectónica del centro educativo para desarrollar procesos de educación mediante el uso, aplicación y desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, dado que su integración se considera esencial para la sociedad del conocimiento (Ávalos et al., 2012).
  • Reconsiderar el papel de la persona profesora, dado que sin ellas y sin sus competencias profesionales, la sociedad del conocimiento no podría existir, por cuanto constituyen sus agentes claves para el cambio (Day et al., 2007).

Tales desafíos dejan en evidencia que la educación como en ninguna otra época ha tenido que estar más atenta a los cambios generados por la sociedad, al pasar de un entorno estable a uno inestable, que demanda de ella una estructura ya no mecánica sino orgánica, que le permita ser competitiva estratégicamente en función del logro de su misión social y económica.

De ahí que este ensayo científico tenga por finalidad desarrollar un análisis de las competencias de la persona profesora, para atender la formación de las personas estudiantes en la sociedad del conocimiento y de la era digital. El estudio de tales competencias es fundamental, por cuanto el desarrollo de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación,  han provocado que se experimente un cambio en la identidad del aula, como escenario físico tradicional de los procesos de educación,  a un espacio inteligente de aprendizaje, que a su vez conlleva a una trasformación de la gestión de los procesos de educación, en términos de la relación de la persona profesora y de la persona estudiante, así como de los procesos de enseñar y de aprender.

Por consiguiente, para lograr tal finalidad los planteamientos de este artículo se ordenan en cuatro apartados. El primero aborda el estudio de la arquitectura del centro educativo, como escenario del desarrollo de los procesos de educación, desde la perspectiva de espacio innovador de aprendizaje. El segundo describe las principales cualidades que caracterizan a la persona estudiante de la era global. El tercero analiza las competencias que debe poseer la persona profesora, desde tres dimensiones o magnitudes estratégicas: académica, técnica, interacción socio afectiva; para desarrollar en el espacio innovador de aprendizaje, los procesos de educación de las personas estudiantes de la sociedad del conocimiento y de la era digital. Finalmente, el cuarto apartado presenta las principales conclusiones a las que llega este ensayo.

Arquitectura del centro educativo: escenario de los procesos de educación

El centro educativo ha constituido a lo largo de la historia de la educación el espacio de encuentro entre la persona estudiante y la persona profesora. Ha sido el punto focal donde se genera el proceso educación, en si el epicentro donde la educación logra sus fines y la sociedad supone alcanza el imaginario ideal de sociedad y ciudadano definido desde las perspectivas de cambio social y crecimiento económico.

Ferreiro y Gewerc (2012), consideran que el centro educativo no debe darle “la espalda a las nuevas formas culturales, de comunicación, de difusión y acceso a la información que generan las tecnologías digitales” (p.98). Mas, por el contrario, como escenario del desarrollo de los procesos de educación debe iniciar su integración, de forma tal que éstas, como lo refieren Cabero y Barroso (2013) contribuyan a consolidar el nuevo modelo de sociedad, el cual está orientado al aprendizaje permanente del individuo y por tanto a formar personas estudiantes para la creación, más que para la trasmisión o reproducción del conocimiento, lo que demanda “una nueva forma de actuar y de replantear el hecho educativo” (p.25).

Para Akçay y Arslan (2010), en la sociedad actual se hace imposible pensar en un sistema de educación sin acceso a las tecnologías de la información y la comunicación.  No obstante, tal acceso como lo recalcan Cabero y Marín (2014) es complejo por los cambios que produce, al generar desde la teoría y praxis, una nueva forma de desarrollar los procesos de enseñar y aprender, lo que a su vez conlleva a “una modificación en el rol de profesores y alumnos en los diferentes centros educativos” (Castillo y González, 2015, p. 271). Además, tal complejidad debe considerar la inversión de capital para la adquisición de los equipos, instrumentos y servicios que el centro educativo requiere.

La integración de las tecnologías de la información y la comunicación quebrantan con fuerza la arquitectura del centro educativo, logrando según Queiruga et al., (2018), que “el aula, como espacio rígido, pierda su razón de ser” (p.10), y se inicie la mutación de una estructura tradicional basada en la presencialidad de los actores, en la escenografía física del espacio de aula y el tecnocentrismo del libro de texto, a una estructura de espacio innovador de aprendizaje virtual, que brinda a la persona estudiante la oportunidad de obtener conocimientos útiles y personalizados de forma flexible, original y colaborativa.  Para Gallego (2019), se trasciende de un espacio “contenedor del hecho educativo” a uno de “relación, de desarrollo y de experimentación” (p.7).

El centro educativo como espacio innovador de aprendizaje, considerando los aportes brindados por Lozano (2004), Robinson y Aronica (2015), Queiruga et al. (2018), y Gallego (2019), puede ser definido como:

la comunidad en la cual un conjunto de personas estudiantes se reúne física y/o virtualmente con las personas profesoras y tienen la oportunidad de alcanzar, de forma individual, pero con asocio colaborativo, los conocimientos y competencias que les permitirán comprender e integrarse al mundo. Acorde a su diversidad cognitiva, destrezas, ritmo, expectativas, talentos y actitudes personales. Siguiendo la dirección y asesoría que le brinda la persona profesora, para desarrollar un acervo de estrategias de aprendizaje, que utilizan como herramienta de mediación cognitiva, un conjunto de recursos, programas y equipos facilitados por las tecnologías de la información y la comunicación.

El espacio innovador de aprendizaje es la comunidad, en la que la persona estudiante, a su propio ritmo y conforme a sus competencias, intereses y expectativas, satisface sus necesidades educativas.  Por tanto, se constituye en una comunidad capaz de:

  • Retener a las personas estudiantes garantizando su asistencia, al propiciar que éstas se encuentren en un entorno cómodo y seguro.
  • Valorar a cada persona estudiante como individuo, al reconocer y respetar sus actitudes, habilidades, competencias e intereses.
  • Motivar a las personas estudiantes para que desarrollen con éxito sus procesos de educación, al contar con un potencial de recursos tecnológicos, para transformar de forma creativa la información en conocimiento.

El espacio innovador de aprendizaje es el nuevo escenario de interacción social, donde se desarrolla la educación, y como tal plantea demandas diferentes para concretar relevantes ventajas competitivas, a saber:

  • Desarrollar una nueva perspectiva de acceso e intercambio de la información, en donde la persona profesora (Bosch, 2018), empodera e induce por la curiosidad el talento creativo; de cada persona estudiante a la producción de conocimiento.
  • Facilitar a cada persona estudiante las estrategias de aprendizaje y los recursos tecnológicos apropiados, para que, de forma amigable, atractiva e interactiva pueda aprender a su propio ritmo y estilo cognitivo, reduciendo el ausentismo, el rezago y los índices de abandono y fracaso escolar (Gallego, 2019).
  • Superar los límites tempo espaciales a los que está supeditado el centro educativo en su arquitectura tradicional (Barroso, 2013), lo que permite garantizar a cada sociedad la universalización de su sistema de educación, dando la posibilidad a cada persona estudiante de flexibilizar el tiempo y el espacio en el que se desarrolla la acción educativa (Queiruga et al., 2018).

En este nuevo escenario la persona profesora transforma su práctica docente, genera un nuevo ambiente pedagógico modelado por el uso y la aplicación de la tecnología, para crear con impresión de existencia real; representaciones y experiencias de aprendizaje, para que cada persona estudiante desde una posición protagónica e interactiva desarrolle nuevos procedimientos para aprender y transformar la información en conocimiento.  En si constituye el espacio, en donde según Ruiz et al. (2017) “se crean las condiciones para que el individuo se apropie de nuevos conocimientos, de nuevas experiencias, de nuevos elementos que le generen procesos de análisis, reflexión y apropiación” (p.5).

Para finalizar este apartado es importante señalar que la implementación del espacio innovador de aprendizaje, en los sistemas de educación de las sociedades del conocimiento y la era digital, representa una oportunidad de cambio y transformación de la educación hacia un modelo “más equilibrado, individualizado y creativo” (Robinson y Aronica, 2015, p.7), dadas las posibilidades que  las tecnologías de la información y la comunicación brindan para “captar la imaginación de los jóvenes y brindarles métodos de enseñanza y de aprendizaje con un alto grado de personalización” (Robinson y Aronica, 2015, p.14).

Pero para que tal cambio y transformación se suscite, se requiere el desarrollo de importantes procesos de reforma y mejora educativa, de la definición de nuevas políticas públicas en materia de educación y de su financiamiento, y de un nuevo modelo de organización educativa, cuya estructura debe organizarse en función de tres áreas estratégicas de gestión: Logística, Proceso Educación y Tecnológica. Dado que para su desarrollo exitoso “la escuela se enfrenta al reto de acomodarse a otras formas de enseñar y aprender” (Montero y Gewerc, 2018, p. 8).

El área estratégica de gestión logística tiene la responsabilidad de establecer los principios, definir las transformaciones y proyectar los requerimientos: legales, financieros, materiales y humanos, que fundamentan la implementación del espacio innovador de aprendizaje. Su objetivo prever y considerar el conjunto de factores (Martínez, 2011), que garanticen el ambiente propicio y flexible para su socialización, aprobación, financiamiento, integración y desarrollo.

El área estratégica de gestión de los procesos de educación tiene la tarea de coordinar la estructura, el diseño y la implementación de la formación y capacitación requerida por la persona profesora en el uso de la tecnología, el diseño y la producción de recursos digitales para los procesos de educación que desarrollarán en el espacio innovador de aprendizaje. Su propósito lograr que la persona profesora gestione la tecnología en función de las condiciones y habilidades de las personas estudiantes, ya no para aprender más sino para aprender de forma diferente y creativa generando nuevo conocimiento (Urquidi et al., 2019).

El área estratégica de gestión tecnológica está a cargo de las plataformas  de la infraestructura digital, su finalidad “facilitar la autogestión de los procesos de acceso, edición y organización de los recursos” (García y López, 2011, p. 133), que requiere el espacio innovador de aprendizaje para su funcionamiento y mantenimiento adecuado, de forma tal que garantice tanto a la persona profesora como a la persona estudiante su acceso y uso en el momento requerido sin ningún inconveniente o problema.

La persona estudiante de la era global

Para realizar un acercamiento preciso a las competencias de la persona profesora en el espacio innovador de aprendizaje, no solo es necesario determinar la estructura de ese nuevo escenario donde se desarrolla la educación. Es también fundamental desplegar un análisis de las características del nuevo modelo de persona estudiante, a la que la persona profesora deberá orientar.

La palabra estudiante se deriva del latín: studium, que significa aplicado. Desde la perspectiva semántica es el discípulo con respecto al profesor de la materia que está aprendiendo o del centro de educación donde estudia.

En el proceso educación la persona estudiante es la que ejecuta la tarea de comprender los conocimientos establecidos en cada uno de los planes de estudio, para alcanzar el desarrollo de sus capacidades, destrezas y facultades intelectuales, morales y de comportamiento humano, que a su vez le convierten en actor estratégico de las perspectivas de cambio social y crecimiento económico a las que aspira la sociedad del conocimiento y de la era digital.

La persona estudiante de la era global es aquel niño o joven que nace, crece y se desarrolla adquiriendo todo su bagaje cognitivo y sociocultural mediante un vínculo constante con las tecnologías de la información y la comunicación, a través de la Internet y de la Red Informática Mundial (WWW), en la cual operan y se desarrollan una diversidad de aplicaciones como: WhatsApp, iMessage, Facebook Messenger, Telegram, Signal, Viber, Skype, Facetime y Zoom, y a las cuales tiene acceso desde un computador, una tablet o un teléfono móvil entre otros dispositivos. Determinar cuando surge este vínculo constante entre el niño y el joven con las tecnologías de la información y la comunicación, es fundamental para poder establecer el origen del estudiante de la era digital. Como tal remite a identificar el momento mismo en que las tecnologías de la información y la comunicación irrumpen y evolucionan en el mundo.

La historia señala a 1991, como el año en que las tecnologías de la información y la comunicación inician la conquista y transformación de las sociedades, por cuanto en ese año el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN), con el liderazgo y las  ideas de Tim Berners Lee, lanza el programa llamado World Wide Web, como el primer sistema para el intercambio de datos, básicamente textos e hipertextos sin color, ni animación y sin imágenes, entre la comunidad de científicos del CERN independientemente de su ubicación geográfica (Abuin y Vinader, 2011).

Este protocolo que en primera instancia se diseñó para una pequeña comunidad, se desarrolla y evoluciona de forma tal que transforma al mundo y conecta a la humanidad por medio de la tecnología.  A partir de este hito histórico la década de los años 90 representará el ápice del inicio de toda una revolución tecnología, dada su accesibilidad y la aparición de recursos digitales como el computador, los teléfonos móviles de segunda generación (2G), la webcam, la internet de uso comercial, la extensión del uso de la fibra óptica, las aplicaciones de formatos para comprimir archivos digitales de audio o video y los aparatos para reproducirlos (Mp3), los programas de edición fotográfica, los sistemas de posicionamiento global, el identificador de llamadas, los mensajes de texto, el correo electrónico, el Photoshop primer programa de edición fotográfica, el Mosaic primer navegador gráfico, así como Netscape Navigator y Google entre otros, contribuyendo así, según Martínez (2011) a modificar la forma en que se edifica la información y por tanto el conocimiento, en una generación mediatizada por la tecnología.

Por lo señalado los niños y jóvenes que nacieron a mediados de la década de años 90, constituyen las personas estudiantes de la era digital. Y que actualmente en la pirámide demográfica de la sociedad del conocimiento y de la era digital, integran según grupo de edad el estrato comprendido entre los 0 a los 26 años. Estrato que para el quinquenio 2020-2025 representa conforme a la proyección realizada por la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas (2019), entre el 37% y el 32 % de la población total del continente americano.

Por tanto, los niños y jóvenes de la era global, son todos aquellos que nacieron en el auge de la tecnología, logrado desarrollar capacidades sorprendentes para interactuar con ella, “nos encontramos con una nueva generación de aprendices que no han tenido que acceder a las nuevas tecnologías, sino que han nacido con ellas y que se enfrentan al conocimiento desde postulados diferentes a los del pasado” (Marchesi, 2011, p.7). De ahí la relevancia de determinar sus principales características y comportamientos.

Los aportes que surgen de las investigaciones y trabajos realizadas por Prensky (2010), Piscitelli (2011), Marín (2013), Cabero y Marín (2017), contribuyen a destacar como principales características de estos niños y jóvenes, las siguientes:

  • Generar un modo de vida asociado a la red informática.
  • Integrar la tecnología como elemento esencial de su entorno.
  • Interactuar en un contexto sin barreras tempo espaciales.
  • Inclinarse por un procesamiento no lineal de la información.
  • Usar el lenguaje gráfico como medio para interpretar la realidad.
  • Mantener un interés elevado por los recursos multimedia.
  • Operar con alta precisión los medios de producción digital.
  • Desarrollar varias tareas o procesos de forma simultánea.
  • Fortalecer el trabajo colaborativo apoyado en la conectividad.
  • Aprender mediante el hacer más que el leer o escuchar.

Tales características evidencian comportamientos de pensamiento diferentes en las personas estudiantes de la sociedad del conocimiento, y por consiguiente el surgimiento en ellos, de un conglomerado de nuevos rasgos, entre los cuales para Prensky (2004), Cabero y Marín (2017), se encuentran: tener mayor interés por la información gráfica que por el texto, ser menos estructurados, pero más creativos y sin temor al error, más expresivos y sociables, pero con un discurso fragmentado. Tales rasgos a su vez permiten identificar una persona estudiante diferente en su forma de comunicarse, reunirse, compartir, socializar y jugar; comprar, vender e intercambiar; buscar, coordinar, analizar, crear, evaluar y aprender.

Por consiguiente, este nuevo modelo de persona estudiante va a requerir de una persona profesora, con las competencias profesionales que le faculten el diseñar, crear y moderar ambientes de aprendizaje mediados por las tecnologías de la información y la comunicación, para que cada persona estudiante pueda desarrollar su propia experiencia de aprendizaje y producir de forma creativa e innovadora su propio conocimiento.  Como lo afirma Talavera y Junior (2020), la nueva realidad demanda un cambio para responder a las nuevas exigencias de la sociedad, para lo cual la persona profesora “debe transformarse y ser creativo; de lo contrario tratará de implementar en un sistema virtual, la realidad presencial bajo una estructura tradicional” (p. 179). La sociedad del conocimiento y de la era digital pone en evidencia que las formas tradicionales en que se desarrollan los procesos de educación, las cuales han privilegiado el enseñar, trasmitir y memorizar por el aprender, comunicar y razonar (UNESCO, 2005), no funcionan porque la sociedad ha cambiado y la persona estudiante también.

Competencias de la persona profesora en el espacio innovador de aprendizaje

La palabra profesor viene del latín profeteri, está compuesta por el prefijo pro que significa delante o a la vista, y el verbo fateri que asume el significado de admitir o confesar. Por consiguiente, el profesor es la persona que admite o confiesa algo delante o a la vista de otros, es por tanto quien ejerce o enseña una ciencia o arte.

La persona profesora tiene por misión enseñar para que la persona estudiante aprenda. Y de ella se deriva su tarea primordial, la cual consiste en dar dirección y orden a la enseñanza, diseñando una estructura metodológica para que la información sea transformada por la persona estudiante en conocimiento que pueda manipular y aplicar conforme a sus capacidades y competencias.

La revolución digital que experimentan las sociedades del siglo XXI, y que de forma directa han permeado los sistemas de educación, mutando la arquitectura educativa a un espacio innovador de aprendizaje y originando un nuevo modelo de persona estudiante, lleva también a un replanteamiento de la forma en que la persona profesora desarrolla la misión de enseñar y de las competencias que para tal fin requiere. Ariza (2006) señala que la acción docente debe replantearse y la persona profesora “debe acompañar, apoyar y ofrecer nuevas estrategias para recorrer el proceso educación”, además agrega que la persona docente “debe convertirse en usuario de las nuevas tecnologías para poder estar en sintonía con los jóvenes que en un alto porcentaje están a la vanguardia de su uso” (p.1).

Por consiguiente la persona profesora debe desarrollar las competencias que le permitan según Gallardo et al. (2021) “incorporar los recursos digitales a sus rutinas de aprendizaje” (p. 40) para crear “espacios y procesos educativos más dinámicos, participativos e innovadores” (p.41), en los cuales es posible individualizar los procesos de enseñanza-aprendizaje, adaptándolos al contexto, a la diversidad y necesidades de la persona estudiante, motivándole así para ser el principal artífice de su propio aprendizaje, dado el potencial inclusivo que poseen los recursos digitales (Pardo et al., 2021).

El desarrollo de tales competencias (Gallardo et al., 2021), para el ejercicio de la profesión docente en la sociedad del conocimiento y la era digital demanda de la persona profesora como agente primordial del proceso educación, tres comportamientos esenciales:

  • Mantenerse actualizado en el conocimiento de su saber disciplinar, de las características de las personas estudiantes y de las tecnologías de la información y la comunicación.
  • Emplear las tecnologías de la información y la comunicación para crear espacios innovadores de aprendizaje adaptados y contextualizados a las necesidades e intereses de las personas estudiantes.
  • Saber comunicarse, interactuar y empatizar con la persona estudiante en el espacio innovador de aprendizaje ya sea de forma presencial, virtual o híbrida.

Asumir tales comportamientos supone un nuevo papel de la persona profesora, que pasa por una modificación de sus estructuras de pensamiento y esquemas mentales, para desarrollar el acto de educar en un entorno complejo y cambiante, que le demanda nuevos conocimientos, habilidades y actitudes para organizar estrategias innovadoras de enseñanza y aprendizaje, mediante el uso y la integración de las tecnologías de la información y la comunicación a su labor. De lo contrario como lo destaca categóricamente Esteve (2009) “el profesor que pretenda mantenerse en el antiguo papel de única fuente de transmisión oral de conocimientos tiene la batalla perdida” (p. 23). 

Los trabajos desarrollados por Perrenoud (1999), Ariza (2006), Tribó (2008), Bautista (2011), Barroso (2013), Puente y Cruz (2013), Área et al. (2014), Castillo y González (2015), Vuorikari et al. (2016), Castro (2018), Montero y Gewerc (2018) y Barroso et al. (2019), permite definir y estructurar una propuesta de las competencias que deberían caracterizar el modelo de persona profesora, referente de la educación de la era digital.

Tales competencias se organizan desde tres dimensiones o magnitudes estratégicas: académica, técnica y de interacción socio afectiva.  Cada una de ellas en simetría con cada uno de los tres comportamientos esenciales que, como agente primordial del proceso educación, debe adquirir la persona profesora de la sociedad del conocimiento y la era digital. Por su parte cada una de estas dimensiones o magnitudes estratégicas, se fundamenta en las siguientes premisas:

  • En un sistema de educación la persona profesora hace la diferencia, dado que sin ella toda acción de cambio educativo sería imposible y la sociedad se vería privada de alcanzar su imaginario de ciudadano y sociedad.
  • Una competencia está conformada por un conglomerado complejo de conocimientos, habilidades, actitudes y valores, que mediante una interacción orgánica facultad el saber, el hacer y el ser de la persona profesora para interactuar con un nuevo modelo de estudiante en un nuevo entorno educativo.

Competencias de la Dimensión Académica

Consideran la aprehensión que la persona profesora debe tener de los conocimientos: disciplinar y tecnológico. Tal aprehensión significa poseer los conocimientos actualizados, saber organizarlos y razonarlos para poder interpretarlos y explicarlos con la finalidad de generar y crear nuevas ideas y conocimientos.

Considerando Perrenoud (1999) y Vuorikari et al. (2016) la dimensión académica delimita una persona profesora con amplia comprensión y dominio de los contenidos de aprendizaje, capaz de provocar situaciones o actividades de transferencia de información diferentes y novedosas a través de las cuales la persona estudiante se apropia del conocimiento.

Por su parte el conocimiento y dominio tecnológico que la persona profesora posee, hace posible el desarrollo de experiencias diversas y novedosas de aprendizaje, que llevan a la persona estudiante a identificar, investigar, aplicar y resolver situaciones en un entorno virtual. Todo ello como producto de una planificación apropiada de las aplicaciones, herramientas y de los dispositivos tecnológicos al saber disciplinar.  Socavando en consecuencia el rito de la enseñanza basada en la trilogía constituida por: la exposición magistral y metódica de la persona profesora, el uso de la memoria para adquirir conocimiento y el empleo del libro de texto y material impreso, distantes y desactualizados de las concepciones y representaciones de la persona estudiante.   En si las competencias de la dimensión académica son producto de la integración apropiada entre el conocimiento disciplinar y el conocimiento técnico (Barroso et al., 2019). 

Competencias de la Dimensión Técnica

Gravitan entorno al dominio en el uso propio que cada persona profesora debe tener de cada una de las aplicaciones, herramientas y de los dispositivos tecnológicos, para lograr los objetivos de aprendizaje, en un entorno de enseñanza flexible, atractivo e innovador, con reglas consensuadas de interacción socio afectiva y académica, como plataforma para ofrecer una educación de calidad y excelencia.

La persona profesora no solo debe ser capaz de saber usar la tecnología, sino también saber cuándo usarla para crear un espacio innovador de aprendizaje abierto, atractivo e interactivo, sin límites ni fronteras tempo espaciales para la persona estudiante. Al respecto Montero y Gewerc (2018) plantean que la función de la persona profesora debe perfeccionarse y adaptarse a los cambios generados por los nuevos entornos tanto sociales, científicos y tecnológicos, para estos últimos establecen como competencias de adaptación: el conocimiento y la selección de las tecnologías de la información y de la comunicación, para su aplicación en el aula de forma tal que contribuya con los procesos de enseñanza aprendizaje y a su formación social y cultural.

Esta competencia origina una persona profesora informada y alfabetizada en tecnología digital, que se comunica a través de ella, que puede crear contenidos digitales y es capaz de resolver problemas relacionados con su uso, en definitiva, capacitada para operar sobre los riesgos y amenazas que se pueden derivar del uso de la tecnología en el nuevo entorno educativo (Vuorikari et al., 2016).

En si las aplicaciones, las herramientas y los dispositivos tecnológicos, se constituyen en instrumentos y recursos que garantizan el aprendizaje, solo si la persona profesora posee la facultad de adaptarlos como herramientas cognitivas de un diseño pedagógico capaz de generarlo.

Competencias de la Dimensión Interacción Socio Afectiva

Están relacionadas con la capacidad de la persona profesora para lograr que el espacio innovador de aprendizaje, se transforme en una comunidad de aprendizaje en donde cada persona estudiante, como miembro de ella pueda sentirse seguro, logre reconocer que no está solo, que es capaz de aprender de forma colaborativa junto a otros, que se encuentran experimentando situaciones y retos educativos similares. En si empoderada y motivada por el poder que la comunidad le genera de avanzar considerando sus destrezas, respetando sus necesidades e intereses, así como sus metas personales.

Las competencias de la dimensión socio afectiva modelan una persona profesora asertiva, comunicativa y empática, capaz de generar las condiciones sociales apropiadas para el aprendizaje y el desarrollo de las capacidades de la persona estudiante, mediante la atención y el apoyo personalizado (Gallardo et al., 2021). De esta forma logrará responder a lo que la sociedad del conocimiento y la era digital le demanda, en favor de la formación de éstas y como consecuencia de ella.

Por tanto, la persona profesora debe contar con las capacidades para conocer y expresar emociones, para tener y transmitir empatía, para motivar y favorecer la libertad de decisión, para asesorar y promover el protagonismo de la persona estudiante, durante su proceso educativo. La Tabla 1 Dimensiones de las Competencias de la Persona Profesora en el Espacio Innovador de Aprendizaje, presenta una síntesis de lo analizado.

La Tabla 1

Dimensiones de las Competencias de la Persona Profesora en el

Espacio Innovador de Aprendizaje

DimensiónDominio
Conocimientos (Saber)Habilidades (Hacer)Volutivo (Ser)
AcadémicaÁrea Disciplinar Área Tecnología  Gestar estrategias entre el conocimiento disciplinar y conocimiento tecnológico.Diseñar situaciones novedosas de aprendizaje para promover la investigación y la creatividad.Desarrollar una transferencia innovadora de Información para producir conocimiento.Experto Visionario Creativo Innovador
TécnicaDispositivos Tecnológicos   Objetivos de aprendizaje.    Estar actualizado en el manejo de dispositivos tecnológicos afines a su saber disciplinar.Aplicar la tecnología para interactuar con las personas estudiantes en función de los objetivos de aprendizaje.Usar los recursos digitales para crear experiencias de aprendizaje afines a la necesidades y estilos de aprendizaje de las personas estudiantes.Investigador Analista Planificador Diseñador Organizador  
Interacción Social AfectivaComunicación Motivación EmpoderamientoEjercer influencia recíproca.Fortalecer la confianza. Promover el actuar y el realizar.Estimular la visión y el protagonismo.Empático Accesible Asertivo Comunicativo

Fuente: Elaboración propia. 

Para concluir este apartado sobre las competencias de la persona profesora en el espacio innovador de aprendizaje, es relevante destacar que aun cuando la sociedad del conocimiento y de la era digital pone en evidencia que las formas tradicionales en las que ha sido formado el profesor, no funcionan porque la sociedad ha cambiado y la persona estudiante también. Y que aun cuando los “docentes avalan y potencian tal fenómeno, manifestando una visión prácticamente unánime respecto al potencial innovador de las tecnologías” (Pardo et al., 2021, p. 34).  Las personas profesoras no cuentan con la formación y el desarrollo profesional que les dote de tales competencias para hacer frente a las nuevas exigencias que señala la sociedad: atender a una nueva persona estudiante en un nuevo escenario de aprendizaje.

En coda, así como la persona estudiante requiere de un modelo de persona profesora con las competencias de las dimensiones estratégicas: académica, técnica y de interacción socio afectiva señaladas. La persona profesora requiere de programas de formación y desarrollo profesional que le capaciten y le formen para alcanzar tales competencias. Esto demanda que los centros de formación de las personas profesoras, restructuren sus planes e integren los cambios necesarios para formar profesionales con el conocimiento académico experto en su disciplina y en tecnología, con las habilidades técnicas para generar los nuevos entornos de aprendizaje, y con la capacidad de interactuar con las personas estudiantes de forma asertiva y empática para guiarles y empoderarles durante el proceso educación.

Conclusiones

La reflexión y discusión plantea en este ensayo, entorno al análisis de las competencias de la persona profesora, para atender la formación de las personas estudiantes en el espacio innovador de aprendizaje de la sociedad del conocimiento y de la era digital, permite establecer las siguientes conclusiones:

La arquitectura del centro educativo ha iniciado un proceso de mutación creando de forma disruptiva un nuevo escenario: el espacio innovador de aprendizaje. En el cual dado el uso y la adaptación apropiada de las tecnologías de la información y la comunicación, se desarrollan procesos educativos innovadores y personalizados de forma flexible, original y colaborativa para la persona estudiante.

La persona estudiante ha cambiado por su firme vínculo y sorprende capacidad de interacción con las tecnologías. Esto lleva a identificar una generación con nuevos rasgos, características, motivaciones e intereses, que demanda nuevos procedimientos y experiencias educativas, que les facilite desarrollar una posición interactiva y protagónica mientras aprenden y transformar la información en conocimiento.

El modelo de enseñanza tradicional de carácter magistral y memorístico en el cual fue formado la persona profesora debe replantearse y trascender a un modelo dirigido a desarrollar sus competencias desde tres dimensiones estratégicas: la académica, la técnica, y la de interacción socio afectiva. Fundamentales tanto para crear y planificar procesos de educación diversos, novedosos y de calidad, mediante el uso y aplicación de la tecnología al saber disciplinar, como para comunicarse e interactuar con las personas estudiantes y lograr con éxito, que estas transformen la información en conocimiento.

La integración de las tecnologías de la información y la comunicación a los procesos de educación en el marco del espacio innovador de aprendizaje, representa una oportunidad de cambio para incidir sobre la deserción, atender las necesidades educativas especiales y crear nuevas opciones de acceso a la educación. Siendo para ello necesario contar con la aprobación de un conjunto de políticas públicas afines, que garanticen a cada sistema de educación la infraestructura digital, el acceso al equipo tecnológico y a las aplicaciones requeridas para su desarrollo, acceso y cobertura universal.

La persona profesora: Competencias para interactuar en el espacio innovador de aprendizaje. Juan Antonio Arroyo-Valenciano. Revista Umbral, volumen 47, N.º 1, enero-julio, 2022. ISSN 1409-1534, e-ISSN 2215-6178

Acerca del autor

juan.arroyo@ucr.ac.cr | + posts

Universidad de Costa Rica
San José, Costa Rica
ID ORCID: https://orcid.org/0000-0002-3092-3872

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Recibido: 03/01/2022
Aceptado: 15/01/2022
Todo grupo humano debería contar con una imagen de sociedad y de ciudadano a la que como colectivo aspira, y con un sistema de educación que asuma tal misión. Para las sociedades del siglo XXI, tal misión se toma en un contexto de relevantes cambios geopolíticos, como consecuencia de la extensión del comercio a nivel mundial y la revolución de las tecnologías de la información y la comunicación. Estos cambios permean la educación suscitando: la mutación de la arquitectura del centro educativo a un espacio innovador de aprendizaje, el surgimiento de una nueva generación de personas estudiantes y la demanda tácita de un nuevo modelo de persona profesora, con las competencias fundamentales para atender a la nueva persona estudiante en el nuevo escenario educativo. De ahí la finalidad de este ensayo: analizar las competencias que la persona profesora debe poseer desde ese nuevo escenario y generación de personas estudiantes. Lo cual conduce a estimar y estructurar tales competencias, desde tres dimensiones o magnitudes estratégicas: Académica relacionada con los saberes disciplinar y tecnológico. Técnica: vinculada al uso y aplicación disciplinar de la tecnología. Y de Interacción socio afectiva: análoga con los procesos de comunicación, motivación y empoderamiento para fortalecer la confianza y el protagonismo de la persona estudiante. El ensayo concluye que la persona profesora requiere tales competencias, que no ha sido preparada para estos nuevos cambios, los que a su vez constituyen una oportunidad para incidir en la deserción, atender necesidades educativas y crear nuevas oportunidades de acceso a la educación.
Every society should have an image of the community and type of citizen that they aspire as a group and an educational system that aims to achieve that image. The 21st century societies undergo the mission of achieving their images in a context of relevant geopolitical changes due to the growth of the commercial sector at the international level and the revolution of the information and communication technologies. Those changes affect the education by modifying the architecture of the educational institutions into a space of innovative learning, arising a new generation of students, and demanding a new model of teachers who have the necessary competences to take care of the new students from this new educational context. Therefore, the aim of this paper is to analyze the competences that teachers should have from this new context and student’s generations. This leads to estimate and structure those competences into three strategic dimensions: academic dimension which is related to the discipline and technological knowledge, technique dimension which is about the use and application of technology, and social-affective interactions that involve the process of communication, motivation, and empowerment to strength the confidence and prominence of the students. The essay concludes that teachers require those competences because they have not been prepared for these new changes which lead to new opportunities that can affect positively dropping out, educative needs, and new ways to access education.
Palabras clave
Keywords
CÓMO CITAR / HOW TO CITE
Arroyo-Valenciano, J. (2022). La persona profesora: Competencias para interactuar en el espacio innovador de aprendizaje. Revista Umbral, 47 (1).